lunes, 10 de agosto de 2009

A MODO DE CONFESIÓN

He dudado al colocar esta entrada en este blog. Finalmente me he decidido porque aquí, salvo alguna pequeña excepción están mis más "fieles" seguidores. Esto es una confesión destinada a evitar un proceso de cierta idealización que me ha parecido detectar en torno a mi persona. Quiero evitarlo y, por eso, estas líneas. Es posible que alguna o alguno se decepcione. Si es así, asumiré el coste de decir lo que considero necesario que se sepa.


Nuestra amiga Morgana ha publicado hoy en su blog un interesante artículo sobre el maravilloso régimen del que disfrutan los coreanos del norte. Ese gobierno que en nombre del comunismo se ha convertido en una macabra dictadura en la que, además de los rasgos comunes a todas ellas, hay que soportar el ominoso culto a la personalidad de su lider, autor de más de 18.000 libros y que tiene repartidos por el país, según parece, 35.000 monumentos.

En fin, en todo caso, hago votos para que lo antes posible semejant esperpento cruel sea derribado y los coreanos puedan disfrutar la verdadera libertad socialista, aunque ya sé que algunos me dirán que eso es imposible. Yo creo que sí lo es.

El artículo de Morgana, en el que se dice que a los coreanos se les enseña a creer a pies juntillas que el líder jamás se equivoca, me ha recordado los tiempos en los que yo, y lo confieso humildemente, también fui dogmático e intolerante.

Alguno supongo que habrá visto mi perfil, donde dice que soy cristiano sin religión y militante de Izquierda Unida, cosas ambas totalmente ciertas. Y pese a lo que pueda parecer, no encuentro en ello contradicción. Precisamente porque he dejado de poner los dogmas, la fe, por encima de la razón.

Sin embargo, durante muchos años, acepté voluntariamente pertenecer a la Iglesia Católica, de modo que admití todos y cada unos de sus dogmas, de la misma forma que, años después, entré a formar parte del PCE y creí, en más de una ocasión que los dirigentes del partido no se equivocaban jamás. Que había que cumplir a rajatabla las consignas que eran poco menos que artículos de fe. En cierta medida sustituí una iglesia por otra.

Tanto en un caso como en otro, el resultado era el mismo, porque creía que estaba en posesión de la verdad absoluta e irrefutable, lo que me servía, y aquí está el meollo de la cuestión, para permitirme el lujo de juzgar a los demás y condenarlos porque estaban equivocados, sin más.

Afortunadamente, como jamás tuve poder, lo cual celebro muchísimo, no pude hacer mal a nadie, no pude cometer injusticias o disparates irreparables en nombre de la verdad, de la sacrosanta verdad, ni de la católica ni de la comunista.

Pero, me pregunto, después de transcurridos muchos años, ¿qué hubiera sucedido si hubiera tenido capacidad de decisión? Y, al pensar en la respuesta, yo mismo me asusto de las posibles consecuencias. Supongo que no habría llegado a la máxima barbarie porque siempre me ha repugnado la violencia pero, en todo caso, como poco habría sido cómplice de la violencia de otros, lo que me haría igual a los ojos de los violentados.

Veo hoy con pavor el caso de mi amiga Morgana, forzada a vivir fuera de su país por resistirse dignamente al dogma, igual que en su día compartí las tribulaciones de chilenos, argentinos y uruguayos. Me ha costado tiempo reconocer que todos son víctimas aunque de distintos verdugos; bastantes años, demasiados años.

Reconozco que apoyé causas injustas porque así lo pedía la jerarquía, reconozco que me sumé a críticas absurdas por estar apoyadas por la mayoría, reconozco que no tuve valor para condenar lo que sabía que era censurable, reconozco que defendí regímenes totalitarios porque eran “amigos”. Reconozco que he actuado de forma escasamente justificable.

Muchos me intentarán consolar con el argumento de que, en todo caso, actué en “conciencia”, creyendo que hacía lo correcto y eso me disculparía en parte. Pues no, nada más lejos de la verdad; actuar en conciencia no exculpa de nada, porque ¿acaso los nazis no actuaron, en muchos casos en conciencia?

Hace ya tiempo leí un texto del cardenal Ratzinger (hoy Benedicto XVI) -si, no os asombréis- en el que analizaba con acierto el tema de actuar en conciencia y desmontaba en un par de frases sencillas ese argumento tan manido como inútil. Porque en definitiva ¿Quién establece la que es conciencia buena o mala?

Lamentablemente, el acierto de Ratzinger en este asunto, se queda en ese análisis y no se extiende al conjunto del catolicismo oficial. Pero ese es otro tema, aunque no menor.

No, afortunadamente, no tuve la oportunidad de actuar según el dictado d mi conciencia porque hubiera sido un desastre para alguien.

Ahora me siento absolutamente liberado del dogmatismo, de cualquier dogmatismo, y puedo decir libremente lo que creo más justo porque no tengo la necesidad de esperar a que el dirigente o el prelado opinen y me guíen. Siempre dejo la puerta abierta a la posibilidad de rectificar y revisar todo lo que sea necesario, si me demuestran, con argumentos, que estoy equivocado.

Esto, evidentemente, no me hace perfecto, pero sí más libre. No quiero que nadie interprete estas líneas como una especie de guía de conducta para los demás, sino más bien como una confesión liberadora y necesaria.

Los hombres y las mujeres, como hay que decir ahora, no seremos libres hasta que nos sacudamos para siempre nuestros propios dogmatismos, así que no busquemos liberaciones exteriores hasta que logremos la interior.


Un saludo

21 comentarios:

  1. Bon día Txema
    Todos de más jóvenes hemos hecho cosas que con la perspectiva de ahora nos damos cuenta de que eran animaladas,quizás de jóvenes necesitamos seguir un dogma, a un lider, obedecer sín apenas pensar, luego uno se da cuenta de lo equivocado que estuvo y es bueno reconocerlo y mejor confesarlo.Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Supongo que todos nos equivocamos o simplemente abrazamos una ideología y esta se va desvaneciendo en el tiempo y tomando otro camino.Creo que es lo que llaman madurar y crecer como persona, en un sentido u otro.

    Por un momento pensé que nos ibas a confesar que durante un tórrido verano fuiste monje benedictino.

    ResponderEliminar
  3. Ya veo que os tomais a "broma" mis confesiones y encima las justificáis. Es justo lo que me temía.

    Es que no hago carrera de vosotras ¿Eh?

    Sin embargo, es cierto que mi dogmatismo en el pasado podría haber generado mucho daño a personas inocentes.

    ResponderEliminar
  4. El tener determinadas convicciones, ideologias no nos impide ser críticos con lo que no nos gusta de estas mismas, ni de sus dirigentes y manifestarlo publicamente en assambleas, cosa que seguramente debía ser más complicado hace años.... al menos es mi punto de vista.. Soy militante de IcV , y muy VERDE y no te negaré que determinados procederes de Joan Saura me han sacado más de una vez de mis casillas...

    Y tranqui ni he idealizado, ni decepcionas..

    Un abrazo, Txema.. y no te arrepientas ni de tu pasado... ni de tu confesión.. estamos entre Amig@s

    ResponderEliminar
  5. Si, estoy de acuerdo Selma. Pero y cuándo callamos en esas asambleas para no ofender al líder? Esa es mi confesión.

    Y, si Saura a veces saca de quicio a todos.

    Me alegro de que no me idealices. Y quiero aclarar que no dije con tono de presunción sino como algo favorable que suele ocurrir cuando apreciamos a alguien. Yo he idealizado tantas veces...

    ResponderEliminar
  6. Me acabo de dar cuenta que he escrito una "catalanada" Asamblea sólo tiene una S.. grrrr.
    No idealizar, no implica no tener afecto por una Persona..;-)

    ResponderEliminar
  7. Selma, cuando digo idealizar quiero decir atribuir méritos que no se tienen. Y claro que eso es independiente del afecto.

    A sí que de IcV, vaya, vaya. Casi somos de la misma organización.

    ResponderEliminar
  8. Yo no justifico nada. Tú nos cuentas, y nosotros escuchamos e incluso procuramos ponernos en tu lugar. Y ojoooo, Txema, que los benedictinos son buena gente,hombre!!!! ¿En qué sentido crees que podrían tus viejos dogmas hacer daño a nadie? Si alguien los hubiera abrazado por influencias tuyas, sería por decisión propia, no crees?. Aunque tal vez los derroteros no vayan por ahí. Tal vez quieras hacer una subliminal alusión en tu escrito a que tus decisiones en esa época podrían haber causado pena y sufrimiento a algún sector de la población......¿Me equivoco?

    ResponderEliminar
  9. El gran problema de ambas doctrinas (la comunista y la de la "Sicar" (santa iglesia católica apostólica romana) es la falta absoluta de crítica interna.
    Todo está bien y nada debe ser cuestionado.
    Será por eso que a veces se confunden los discursos de ambas y no se sabe bien de quien parten las ideas. Hay veces que los comunistas hablan de dios y de los santos y hay veces que los católicos hablan de comunidad igualitaria...
    Por eso te digo que ahora eres libre y por eso te sigo, porque puedes expresar lo que piensas sin que te amenace la espada de damocles de la doctrina.
    Yo me fui de la Sicar y no llegué a ingresar en el PC. También me siento libre.

    Besos ¡Ah! y muy buena entrada.

    ResponderEliminar
  10. María tienes razón. Pero eso sólo es parte del problema. Menda ha dicho algo muy importante.

    Imagínate la cantidad de crímenes monstruosos que se han cometido en el nombre del comunismo. un teoría que, precisamente tendría que ser liberadora y anti-dogmática y de la que me siento orgulloso.

    Piensa que hubiera ocurrdo conmigo si hubiera tenido la posibilidad de envíar a la cárcel por "equivocado y anticomunista" a cualquier persona sólo y recalco lo de sólo por discrepar de la doctrina oficial.

    Os recuerdo a todos las purgas teribles de Stalin, donde se autoinculpaban de crímenes que no exitieron jamás, donde los hijos llegaron a acusar a los padres por traidores y sabían las consecuecias de esa acusación.

    Por no hablar en nombre de las atrocidades cometidas en nombre de Dios.

    Lo malo es cuando personas que somos normales, estamos dispuestos a ser cómplices de la atrocidad sin preguntarnos nada, sin rechistar.

    Sin todas esas personas Hitler, Stalin, Pol Pot, Pinochet y otros jamás hubieran triunfado.

    ResponderEliminar
  11. Me quedo sin palabras, observando todo despacio, sin prisa.

    Es que me han robado las palabras Txema...jajaa!!

    Mil besos

    sara

    ResponderEliminar
  12. Y quién ha sido el ladrón que te ha robado tus palabras?

    ResponderEliminar
  13. Ay querido Txema, si creo que eres un hombre complejo. En primer lugar no creo que tengas que confesarte, ni estamos en un proceso de idealización y menos de "beatificación".
    Déjame que te explique por favor.
    Creo que si tu te confiesas como dices es porque necesitas compartir, no porque pongamos en tu persona méritos que según tu no te corresponderían por no se que pecados pasados.
    A mi y por lo que veo a las demás, no nos importa nada tus errores en caso de que los haya habido o es que crees que los demás no los tenemos. Quizás no querramos compartirlos, quizás seamos optimistas y pensemos que hicimos lo que pudimos o supimos en cada momento. Quizás algún día lo hagamos.
    Por otro lado, Selma te contesta en relación con el tema de la idealización y yo lo comparto. No yo tampoco idealizo, nunca lo he hecho. En todo caso respeto, puedo admirar, puedo querer pero la idealización se la dejo a la Cospedal que mira ensimismada a su jefe Rajoy. La idealización no es un sentimiento libre, suele producir dependencia y seguro que a muchas de nosotros eso no nos pasa ni nos pasará.
    Te leemos porque queremos hacerlo, nos gusta venir. Es sencillo.
    En todo caso quisiste hablarnos de tu pasado "dogmático" y te escuchamos con cariño. Y claro que todo dogmatismo te aprisiona y te quita tu propio discernimiento.

    Finalmente si crees que nuestro pensamiento o el afecto que pudieramos tenerte con esta entrada cambiaría, estás equivocado. Así es que escribe con libertad, cuenta lo que te apetezca que nosotras te oiremos y contestaremos con mucho gusto.
    Ánimo
    Un beso

    ResponderEliminar
  14. Carmen.. Mi Niña.. Has expresado a la perfección lo que no fuí capaz de escribir y que sí, pensaba..
    Eres Fantástica, y como en tu Comunidad nos aconsejan que no demos besos.. te/os dejo a todos muchos y cariñosos!

    ResponderEliminar
  15. Selma aún me encuentro por estos lares. Besos también para ti. Te escribiré un correo porque tengo ganas de charlar tranquilamente contigo.

    Perdona Txema que Selma y yo hayamos tomado tu espacio y es que aquí se está bien.

    Un beso a los dos

    ResponderEliminar
  16. Hola Carmen y Selma, me alegro de que useis este espacio a vuestro antojo.

    Carmen, me parece que va a ser la primera vez que discrepo de tí. Posiblemente es que no he sabido explicarme con claridad sobre lo del proceso de idealización. Aunque en el fondo eso es, en este caso, lo de menos.

    Alguna vez ya me han dicho que soy raro. es posible, pero asumo mi complejidad y procuro sobrevivir a pesar de ella. Te aseguro que a veces es muy complicado y hay que poner mucha voluntad para seguir adelante.

    Bueno, ya trataré de mejorar mi argumentación en general para definir mejor la cuestión.

    Evidentemente no he tratado de abrumaros con una confesión pública de pecados o errores pasados sino sencillamente compartir una reflexión, que si tiene una parte de autocrítica (ya sabes eso tan marxista) por actitudes del pasado.

    Pero, insisto, ya trataré de explicarlo con más acierto.

    ResponderEliminar
  17. Enhorabuena por este nuevo paso valiente que has dado.

    A estas alturas no queda mucho más por decir, pero te honra profundamente no sólo ser consciente de tus errores o puntos dudosos del pasado (lo cual creo casi seguro que ya sucedía de una manera menos consciente en aquel momento), si no reconocerlo abierta y públicamente. Sin duda es más importante lo primero, porque sincerarse con uno mismo suele ser más importante que con los demás, pero lo segundo indica un punto de mayor firmeza y sosiego de ese primer estado, además de valentía y sensatez. El hecho de haber idealizado en el pasado está totalmente acorde con esta apartura de cara a los demás que haces para evitar la misma hacia ti (y que sin duda te gustaría haber recibido en el pasado para que esas idealizaciones no existieran..)... al fin y al cabo es inevitable hacer introspección al ponerse en el lugar de los demás.
    Me parece moralmente muy justo por tu parte...

    Los dogmatismos son sumamente peligrosos y falaces por propia esencia, y además se suelen tocar.. preferentemente porque si en un momento dado uno ha tenido dificultades para ver un punto de vista diferente al que le ha entrado por el ojo, también lo tendrá cuando lo que le entre por el ojo sea otra cosa...
    El dogmatismo está más en las personas que en los propios dogmas y por eso se tocan... es más una cuestión interna personal que otra cosa, como pasa con casi todo....
    Siempre he destacado de tus textos como sueles considerar serenamente los diferentes aspectos en tus análisis, y aquí has mostrado cómo has llegado a ello. Esa conciencia que has tomado de lo destructivo y contagioso que puede resultar algo que uno cree absoluto, te ha llevado a una prudencia tan necesaria como exquisita. Creo que esa es la visión en positivo es la que has de tener, y arrepentirte mucho más del daño que hayas causado que del que hayas podido causar... lo cual puedes verlo simplemente como un trámite necesario.

    Un saludo, y gracias por esta apertura y lección para quien esté en un caso similar al de tu pasado.

    PD: obviamente estoy completamente de acuerdo con que actuar según lo que uno cree correcto hay muchos casos en los que no exime de nada en absoluto... los daños a ajenos son daños, y sólo una certeza infinita de que se van a evitar muchos más daños con ese daño (léase por ejemplo matar a alguien antes de que se inmole) puede entrar a debate... (aunque esto último también con ciertas reservas no dogmáticas.. :)

    ResponderEliminar
  18. Troll, inteligente y acertada deducción la tuya. Muchas veces si no causamos más daño es porque la pura casualidad lo ha impedido.

    Creo que es fundamental no perder de vista este aspecto de nosotros mismos para saber hasta dónde podemos llegar si las circunstancias dejan de ser normales.

    Pero, ésta, es otra historia...

    ResponderEliminar
  19. Es tan cierto lo que dices, creo que cuesta mucho sacudirse el dogmatismo, la dureza, lo derechoso. Es tan hermoso confesarse, uno se siente más libre, más livianito, ¿no es así?
    Muy buena catarsis, muy saludable.

    ResponderEliminar