martes, 1 de enero de 2013

LA VISITA



La niebla, aunque a esa hora de la mañana ya no era muy intensa, si se dejaba percibir claramente y daba un aspecto extraño, mezcla de tristeza y soledad,  al viejo cementerio de aquel pueblo.

El viajero sintió frío, un frío extraño,  provocado más por el silencio absoluto,  que por la niebla y la humedad;  un frío que se generaba en el interior de él mismo y que era mucho más intenso que el exterior.

Había decidido hacer una visita inaplazable,  una especie de recordatorio necesario. Y así,  se acercó lentamente hasta la entrada,  donde todavía estaba la misma puerta metálica pequeña y absolutamente descolorida  que daba acceso al anterior.



Una puerta pequeña es lo que corresponde a un cementerio pequeño. 

Se aproximó hasta un reducido espacio de tierra oscura,  donde no había ni una lápida ni una cruz, ni cualquier otro signo de que allí hubiera alguien. Sin embargo, sobre la tierra un pequeño rótulo de metal, ya muy envejecido,  contenía la explicación de esa visita. “Aquí está enterrado el amor”.

El viajero contempló el rótulo con el mismo sentimiento que el día en que lo colocó.

Recordó que exactamente 35 años atrás, puso allí esa leyenda, ese pequeño rótulo en un espacio de tierra para que sirviera de recordatorio.

Aún recuerda el semblante, mitad de asombro, mitad de espanto, del encargado de aquél cementerio pequeño en un pueblo casi deshabitado, cuando el viajero le dijo que quería comprar un espacio de tierra solo para colocar un cartel a modo de recordatorio: “Aquí está enterrado el amor”. Han pasado 35 años.

El viajero,  despacio, sosegado,  y todavía envuelto por la niebla,  abandonó definitivamente el cementerio. Sintió el frío del exterior y el cartel en una mano.

10 comentarios:

  1. Al leer esta narración he sentido frío y tristeza.
    En el último párrafo atisbo una luz de esperanza.
    ¡Qué suerte tienes de poder remover con palabras bien escritas el interior de los lectores!

    Besos

    ResponderEliminar
  2. El último párrafo es como dices una especie de "resurrección". El viajero se ha llevado el cartel y siente el frío del exterior, mientras que al llegar era del interior. Esa es una de las claves.

    Gracias María y besos

    ResponderEliminar
  3. Es precioso, estremecedor pero hermoso.
    Me gusta la ambientación, se siente el frío, pero sobre todo el mensaje y ese enterrar y desenterrar el amor, lo hacemos a diario, pero tú nos has enseñado que es peligroso dejarlo tanto tiempo enterrado.

    Un fuerte abrazo lleno de buenos deseos.

    ResponderEliminar
  4. Me gustó el relato: Si el viajero se lleva el cartel, quiere decir que ha recuperado el amor. De ahí que el frío al irse, sea externo y no interno.

    Un abrazo, Txema

    ResponderEliminar
  5. Un relato desolado, Txema. Eso sí: muy bonito.
    Como una alegoría, lo entiendo y deseo que nunca nos pase lo mismo que al viajero, con el amor enterrado durante 35 años.
    Un grandísimo abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Si hubiera sol, quizá hubiéramos pensado que el visitante se llevaba el cartel porque había encontrado posibilidad de desenterrarlo...

    ResponderEliminar

  7. Gracias por vuestros comentarios y feliz año a todos.

    ResponderEliminar
  8. Jo, qué pena, no has vuelto a publicar nada, me entristece ver cómo se van apagando ya hasta los blogs.

    Un beso, Txema.

    ResponderEliminar
  9. Gracias María, con gran retraso, pero con el mismo interés.

    besos

    ResponderEliminar