sábado, 24 de octubre de 2009

LUSITANIA


En estos días de retiro y reflexión forzada por los virus que, insolentes, me han asaltado y postrado, sumiéndome en un estado lamentable, rodeado de pócimas que, con precisión milimétrica tenía y, aún hoy, tengo que ingerir como poco no más allá de acabada la hora tercia y también antes del final de la nona, he vuelto mis pensamientos al oeste: a esa querida tierra lusitana.

Hubiera deseado, sugerido por el fingidor Pessoa, despertar una hora después en el Rossio de Lisboa, bajo la atenta mirada de una tímida mujer que, precisamente por serlo, no necesita hablar para hacerse entender.

Esperar en las profundidades inescrutables de Regaleira, y con la mirada perdida en la playa de las manzanas la llegada del quinto imperio que anunció Bandarra, que no será militar, que no será dominador, será sólo un espíritu de civilidad que vendrá de la noble Lusitania.

Y junto al esotérico poeta, he cavilado que, con ser terrible la duda, lo es aún mucho más la ignorancia. Por eso temo enfrentarme a la muerte, porque ignoro si lo que me espera después es el conocimiento definitivo... o nada. Si hay un después, no es que lo dude, es que no lo sé.

Tal vez sea este el motivo del suicidio que acecha siempre en tierras de Portugal. El deseo de conocer nos lleva a la desobediencia de dios, que no quiere que le conozcamos y por eso no se nos presenta.

Y he sido testigo mudo de un ajuste de cuentas: el de aquel que se ha atrevido a decirle al dios del libro antiguo, que tiene que pedir perdón a los hombres. A ese dios que eligió un pueblo para esclavizarlo y castigarlo sin piedad al más mínimo desliz.

El hombre ha hablado por boca de Caín, víctima de la discriminación inútil que le convirtió en fratricida. Y Caín ha sido justo y el hombre debe estarle agradecido y enviar definitivamente al exilio a ese dios.

Y así llegará la primavera
.

Nota: estas reflexiones, si es que merecen ser llamadas así, están inspiradas en diversos poemas de Fernando Pessoa y en el último libro de José Saramago.






10 comentarios:

  1. Pues me han encantado estas reflexiones.Soy tambien una enamorada de Portugal.

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  2. As Terras Lusitanas, terras da Saudade...
    Me gustan, me asustan pero comparto tus reflexiones, Txema.

    Cuídate, un beijo.

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  3. A veces pienso que mi cercanía a la lusitania me hace verla de una forma mucho menos romántica, más utilitarista que vosotros. Vamos que para mí es como el primo que tengo aquí al lado. No sé, tendré que sumergirme en Pessoa a ver si se me pega algo. Aunque la verdad es que nosotros también eramos lusitanos en época de Roma... será eso.
    Besos casi portugueses.

    PD. Mejórate.

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  4. Llevaba tiempo sin verte por la blogosfera y ya veo que has estado con varios virus de compañía. Veo que a pesar de todo, tus reflexiones son muy certeras. Cuídate.
    Un beso
    Carmen

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  5. Me han gustado mucho tus reflexiones Txema.

    Besitos y cuídate mucho!!

    Sara

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  6. Pues ya sabes Anabel que a veces lo tenemos tan cerca y al mismo tiempo tan lejos. De todas formas En España siempre se ha dado la espalda de Portugal. Como a un pariente pobre.

    Carmen: aún no estoy recuperado del todo. Esto puede ir para largo. Para que te hagas una idea, es la primera vez en 33 años en que estoy de baja. Bueno, en todo caso, gracias por venir.

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  7. Muchas gracias Sara, realmente no sé si merecen ese nombre. En algún caso son más bien la expresión de un deseo.

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  8. Espero que te recuperes pronto Txema.
    Pasaba a saludarte y te encuentro rodeado de viruses varios...¡vaya!

    Un abrazo y gracias por haberte interesado por mi salud.

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