domingo, 2 de febrero de 2014

LA DAMA



El viajero entró en el viejo,  y ya un tanto decrépito,  restaurante donde habitualmente come cuando,  por algún motivo que solo él conoce y cuya reserva respetamos,  prefiere la compañía, aunque sea muchas veces anónima, a la soledad de su mesa no compartida, al plato silente, al cristalino vaso teñido de rubí donde espera el vino impaciente por ser paladeado.

Sin embargo, el viajero me aclaró en cierta ocasión,  que habitual no significa frecuente o cotidiano, porque su pequeña mesa es también muchas veces, aunque añeja, una compañera necesaria y la que hay que recompensar por su lealtad. Nunca protesta si queda sola o si alguna cosa queda olvidada sobre ella.

 Al cabo de los años se ha establecido una relación de cierta confianza entre el viajero y  el dueño del restaurante, un personaje curioso, entre bohemio e irónico y que, en más de una ocasión,  se convierte en relator de miserias, unas vividas, otras escuchadas,  desde su atalaya culinaria.

El tiempo ha consolidado una relación de afecto que se ha extendido  de forma que, a estas alturas, existe entre ambos personajes cierta complicidad, no exenta, evidentemente, de respeto por lo íntimo.
Ese día, el viajero se quedó algo sorprendido cuando vio que la mesa que usa habitualmente (ahora si es frecuentemente) estaba ocupada por un dama, aparentemente no acompañada,  más que por un plato ya casi vaco y un vaso liviano con agua.

Hay que aclarar que por una especie de pacto tácito, entre el viajero y su anfitrión, había quedado establecido que esa mesa, ubicada en un rincón, junto al ventanal mayor, y  a la que habían bautizado en una tarde en la que disfrutaron quizá algo más de lo sensato de la inestimable compañía del Bourbon,  como el “observatorio”, estaba hasta determinada hora reservada para nuestro personaje.

El observatorio, si, y no el mirador porque, como aclaro nuestro protagonista  se dedica a contemplar y no a mirar con descaro o insolencia, pues es esto incompatible con su proceder.

Desde ella, situada ligeramente más alta que el resto de esas viejas maderas de color verde, cubiertas con manteles de cuadros azules y blancos o rojos y blancos, según el día o el capricho de C, . podía avistar las entradas, salidas, idas ,  venidas y esperas de quienes iba a comer; los movimientos de platos, vasos y cubiertos. El trajín de cada día

También, y esto con mucha más frecuencia, el viajero se ensimismaba con el horizonte marino del mediterráneo, que como ya conocemos es tan caro a nuestro héroe.

Personajes de todo tipo, con variedad de conversaciones iban ocupando las mesas y con más prisa que sosiego pedían, comían y así hasta el día siguiente; jóvenes estudiantes, obreros con mono, desempleados, oficinistas y a veces unos amigos que después de comer alargaban la sobremesa con una partida de mus;  seres vivos en definitiva. O, al menos, eso parecía.

Todos, o casi, se conocían y el viajero, no pecaba de ignorancia por lo que se refiere a la mayor parte, lo que le servía para mantener esporádicamente alguna que otra corta conversación, más allá de la mera cortesía.

Porque, el viajero, es parco en el uso de la palabra, pero tiene largueza en el arte de escuchar.

La dama le pareció interesante, si seguimos la escala de valores que aplica el viajero a este concepto y que podemos considerar bastante alejada de la opinión común. Bastante alejada o absolutamente apartada. Lo que no significa que el viajero no aprecie la hermosura y el erotismo.

No nos detendremos en una descripción detallada de la dama pero digamos que mereció la atención de nuestro amigo, especialmente su cuello que le pareció de una belleza indescriptible por su blancura y forma, lo mismo que sus manos, casi translucidas.  Y así, aun sin deliberación, el viajero concentró su atención en esa dama, cuyo pelo negro recogido permitía apreciar la belleza de su nuca.

Ella debió intuir que aquel que estaba próximo, en la mesa de al lado, se había interesado y esbozó, en un momento indeterminado, de esos instantes en que las miradas más que cruzarse, se encuentran, una leve sonrisa, imperceptible para el resto de los presentes que curiosamente no prestaban atención alguna a la dama. Algo verdaderamente incompresible según el viajero.

La estancia de la dama interesante no se prolongó mucho tiempo. El viajero lamentó esto pero, fiel a su recato, no intentó nada para que esta se prolongase. Quizá pudo haber dicho  si deseaba compartir con él un café o un té, la bebida definitoria de nuestro hombre, pero se mantuvo silencioso.

La dama se levantó, con meticulosidad, con cierta lentitud. Como si quisiera medir bien cada uno de sus movimientos para no cometer el más mínimo fallo. Suavemente, con cadencia.
Al pasar al lado de nuestro viajero, sonrió y  dijo: “no se aflija,  me volverá a ver”.

Perturbado, nuestro protagonista, no supo qué decir y, como en otras tantas ocasiones, quedó mudo.


Instantes después, preguntó a su amigo-restaurador si sabía quién era la dama (el viajero dijo mujer) que estaba sentado a su lado. Y la respuesta lo desconcertó aún más: En la mesa del al lado no había nadie sentado.  El viajero sintió algo parecido a una escalofrío.

lunes, 12 de agosto de 2013

TUS OJOS AZULES





Extraño cada amanecer
el azul de tus ojos
que rivaliza con la mar
que te acompaña.

Y las caricias de tus manos
que me dan el primer calor
de la prematura mañana.

Y tus suaves besos
que me despiertan
con un rumor lejano
de brisa y oleaje.

Espero tu amor
cada día, cada noche
entre estrellas y soles.


martes, 1 de enero de 2013

LA VISITA



La niebla, aunque a esa hora de la mañana ya no era muy intensa, si se dejaba percibir claramente y daba un aspecto extraño, mezcla de tristeza y soledad,  al viejo cementerio de aquel pueblo.

El viajero sintió frío, un frío extraño,  provocado más por el silencio absoluto,  que por la niebla y la humedad;  un frío que se generaba en el interior de él mismo y que era mucho más intenso que el exterior.

Había decidido hacer una visita inaplazable,  una especie de recordatorio necesario. Y así,  se acercó lentamente hasta la entrada,  donde todavía estaba la misma puerta metálica pequeña y absolutamente descolorida  que daba acceso al anterior.



Una puerta pequeña es lo que corresponde a un cementerio pequeño. 

Se aproximó hasta un reducido espacio de tierra oscura,  donde no había ni una lápida ni una cruz, ni cualquier otro signo de que allí hubiera alguien. Sin embargo, sobre la tierra un pequeño rótulo de metal, ya muy envejecido,  contenía la explicación de esa visita. “Aquí está enterrado el amor”.

El viajero contempló el rótulo con el mismo sentimiento que el día en que lo colocó.

Recordó que exactamente 35 años atrás, puso allí esa leyenda, ese pequeño rótulo en un espacio de tierra para que sirviera de recordatorio.

Aún recuerda el semblante, mitad de asombro, mitad de espanto, del encargado de aquél cementerio pequeño en un pueblo casi deshabitado, cuando el viajero le dijo que quería comprar un espacio de tierra solo para colocar un cartel a modo de recordatorio: “Aquí está enterrado el amor”. Han pasado 35 años.

El viajero,  despacio, sosegado,  y todavía envuelto por la niebla,  abandonó definitivamente el cementerio. Sintió el frío del exterior y el cartel en una mano.

viernes, 28 de diciembre de 2012

COMPARTIR TU VIDA




                                              Foto: T. Ruiz
                                                                    

Compartir tu vida,

Es no tener que preguntarte.

Compartir tu vida,

Es saber que flor quieres cada día

Compartir tu vida,

Es ver tus ojos cuando amanece.

Compartir tu vida,

Es escucharte cuando hablas.

Compartir tu vida,

Es pronunciar tu nombre con respeto.


Compartir tu vida,

Es besarte intensamente cada noche.

Compartir tu vida,

Es no dejar de amarte ni un instante

Compartir tu vida,

Es mirar juntos más allá del horizonte.

Compartir tu vida,

Es tomar tus manos suavemente

Compartir tu vida,

Es vivir contigo eternamente.

Compartir tu vida,

es vivir sencillamente









miércoles, 26 de diciembre de 2012

LA VENTANA.



                                                        Foto: Txema Ruiz

El viajero, con una cierta melancolía,  contempló el espacio exterior a través de la ventana cerrada y comprobó que,  a pesar de ser ya invierno, unas llamativas flores resistían en los geranios. Por un momento pensó que era este un esfuerzo de supervivencia extraordinario.

Al ver esas flores resistentes reflexionó sobre si merecía la pena sobrevivir a su imagen y semejanza, incluso en la mayor adversidad.

Se percató entonces de una cuestión esencial: su inmensa soledad, del vacío que lo rodeaba, de su rutina monocolor.  Nada que ver con las flores arracimadas y multicolores.

En realidad su vida,  su supervivencia diaria, era como el interior de aquella habitación oscura; una contradicción constante entre la penumbra encerrada entre esas tan conocidas  cuatro paredes y la claridad del exterior que solo veía  ocasionalmente,  casi siempre, a través de los cristales  que de alguna forma, casi seguro sin desearlo,  alteraban la realidad.

Se dió cuenta de que para él,  la cuestión de la supervivencia,  había cambiado de forma radical. Unos años atrás, no necesariamente demasiados, todavía era capaz de hacer planes para el largo tiempo; proyectos  que, necesariamente, engendraban supervivencia, una cierta forma de fe.

Ahora, ya se conformaba con ir apurando etapas cada vez más cortas, que  pese a todo,  consideraba logros merecedores de regocijo. Aún así,  no era capaz de llegar a la conclusión de si merecía la pena sobrevir,  para disfrutar aún de esos breves espacios de tiempo.

Pensar en lo qué hacer el año que viene, había dejado paso a qué hacer a la primavera que viene y,  al llegar ésta, esperar con serenidad la llegada del verano. El tiempo era cada vez más apremiante y seguramente escaso,  y los planes más condicionados.

El viajero se percató de que en su afán de supervivencia estaba cada vez más obligado a convivir solo con sus recuerdos e,  incluso llegaría el día en el que ya no quedarían ni ellos. Entonces, ¿era eso lo que llaman sobrevivir?

Se levantó lentamente y se acercó a la ventana, miró las flores con cierta empatía y pensó en la mujer que también amaba las flores. y entonces si creyó en la necesidad de sobrevivir.

miércoles, 8 de agosto de 2012

TU FORMA DE SER



                Foto: Txema Ruiz



Tu forma de ser,

casi adolescente,

me traslada

a mi juventud

imprecisa y olvidada

que tal vez nunca fue

más allá de una utopía

inexistente.


Me pones delante

del espejo de mi vida

casi agotada,

tan inútil y vacía

que ya empiezan

a sonar las campanas

del destino por otro

fatalmente decidido 

¿Por qué apareces tú                                                                       

en este instante preciso?

Cuando ya nada te puedo dar,

porque mi carne ya no es carne

y mi sangre ya no es sangre.


                                                                                                                                              
                                                       




sábado, 28 de abril de 2012

EL TESTIGO DE PIEDRA





Que infausta se torna la vida
en la hora dura  y terrible
de tu ausencia indeseada .

La luz  de tu presencia tan querida
un segundo antes clara y luminosa ,
se oculta,   en un veloz instante.

Y llega a mi la horrorosa tiniebla
de tu  ausencia tan temida,  
que me atenaza el alma
y me transporta inclemente
a la noche larga e infinita

Tiemblo al sentir la hora
de tu marcha cada tarde;
siento cercano el  temor
de un adiós definitivo
cualquier día.

Y quedar para siempre perdido en la soledad
de ese  pétreo y mudo banco
al que pongo cada día  por testigo
de que te amo más que a mi propia vida




martes, 24 de abril de 2012

DIME QUE ME AMAS



Dime mi amor

Di que me amas,

dímelo, aunque me mientas.

No quiero la verdad,

sólo escuchar tu voz,

y soñar, vivir en el utopía

de tu amor desconocido.

Di que me amas

y por una sola vez

que tus labios pronuncien 

la palabra sagrada

que más deseo de tu boca

Dime mi amor

di  que me amas

martes, 17 de abril de 2012

CALLAD, GUARDAD SILENCIO



Callad,



guardad silencio,


y callad.


Las palabras


ya no me reconfortan,


tampoco a ella la consuelan.


Callad y dejad paso.


Abrid la puerta


a la muerte de la vida

en la vida que es la muerte,

parca infame y victoriosa.



No tuve valor


para borrar su nombre


de la tierra, no dejar 


ni el más parco recuerdo


de su tiránica existencia.


Mas,  poco puede la palabra


aun cargada de razón


en lucha desigual

con tan cruel enemigo.


Callad,  os lo suplico,

callad.


Dejadme solo en el dolor


en la absoluta soledad ,


en el recuerdo de su ausencia.

Callad.

sábado, 7 de abril de 2012

NOCHE DE ABRIL

Noche de abril,

noche de viernes santo,


se escucha, lejana,  una saeta,


como un rasgado quejido


por la muerte de un inocente.



Noche de abril,  noche de luna llena,


luna pálida que ilumina tu marfileña cara.


Y en mi corazón partido


anida un dolor,  un quejido contenido,


prque tus ojos verdes


no se cruzan esta noche con los míos

Noche triste y clara de abril,


noche de viernes santo y luna llena.


noche de dolor, noche de quejido


noche de amor...


por tus ojos verdes amor mío

                                         Foto: T. Ruiz

domingo, 22 de enero de 2012

UNA CARTA DEL VIAJERO

Nuestro, creo que ya conocido amigo el viajero, me ha enviado una carta desde uno de sus retiros por tierras burgalesas. Os la reproduzco porque me parece que puede ser interesante. He omitido algunos comentarios que son de orden muy personal y cuya retirada no afecta al conjunto del texto. La carta original está manuscrita, así que es posible que haya cometido algún error al transcribirla. Perdonad si es así.





Mi querido amigo:


Espero que tu proceso gripal haya tocado a su fin y tu salud esté, en la medida en que esto es posible, definitivamente restablecida. Nada me produciría más satisfacción.


Te escribo desde este convento burgalés del que ya te he hablado en otras ocasiones. La verdad es que necesito unas jornadas de reflexión, paz y sosiego, tras los acontecimientos que he vivido en los últimos tiempos y que ya conoces (….)


Pero, incluso aquí, en la paz de estas habitaciones conventuales, rodeado de estas monjas de estricta regla benedictina y que, por cierto, cada día son menos numerosas, me he enterado de una noticia que me ha llevado al recuerdo de nuestra ya muy alejada adolescencia.


He leído un artículo tuyo, (….) en el que haces una breve reseña de la historia de Kodak, la compañía que ahora se ha declarado en quiebra. Yo, como tú, siento tristeza por este hecho, no porque tenga intereses en esa multinacional sino porque, de alguna manera, logró hacernos la vida más agradable durante muchos años y, de paso, iniciarnos en ese mundo maravilloso de la fotografía.


Me acuerdo especialmente del verano de 1972, cuando estábamos en aquel pueblo de la sierra madrileña, pasando nuestras largas vacaciones estivales. Como habías aprobado todo el curso de forma impecable,  tu padre te regaló una kodak instamatic, con sus correspondientes cubos flash.


¡Con que emoción me lo contaste! Ese verano podríamos hacer fotos de todos los sitios a los que fuéramos, incluso con poca luz. No habíamos caído todavía en la cuenta de que después de hacerlas llegaba la hora del revelado y nuestros ahorros no daban para mucho.


Foto: wikipedia


Y, en efecto, así fue. Durante muchos días fotografiamos todo lo que nos salía al paso. La mayor parte de las veces sin sentido y con precipitación de tal forma que, en muchas ocasiones, las fotos salían fatal, pese a lo fácil que era manejar esa cámara.


Recuerdo que en alguna ocasión estaban tan disparatadamente hechas que el laboratorio no nos cobraba el positivado porque dudaban de si su trabajo había sido correcto, ya que, cuando perplejos nos preguntaban quién había sacado las fotos,  contestabas “mi padre”, que era quien pagaba el revelado finalmente.


Así fue hasta que llegó Pilar ¿Recuerdas?


Era casi una niña (…) y todos nos concentramos en ella, mientras que ella se concentro en ti. Y entonces todo cambió en un instante, en un “clikr”. Las fotos de la instamatic ya no fueron para los paisajes serranos, la fuente de la calle mayor, o las de las chicas que iban a la piscina municipal que, por cierto, hacíamos de tapadillo.


Desde ese momento, el protagonismo pasó a ella: Pilar se baña, Pilar tomando el sol, Pilar sale de la piscina, Pilar se ríe, Pilar comiendo un bocadillo de sardinas…


No lo tomes en absoluto como un reproche, porque no lo es, sino como la constatación de un hecho. Pilar prefirió tu compañía quizás porque, eras el más serio de todos nosotros, que sólo pensábamos en el fútbol (….) mientras que tú sólo pensabas en ella. Fuiste sabio.


Pero, reconocerás, que la kodak instamatic también jugó su papel, estoy convencido. Fue un arma “temible” porque era una especie de adorno que mejoraba un producto, que ya de por sí,  era interesante. Y lo digo con total sinceridad.


Ahora, leo con tristeza que,  aquella empresa que puso la foto al alcance de todos, ha quebrado y que su futuro es muy incierto. Lo siento de verdad, sobre todo,  por quienes viven de ella, pero también por la gran cantidad de personas que, de alguna forma,  debemos a Kodak haber podido tener en alguna vez en nuestra vida la compañía de alguna Pilar,  y pasado el tiempo,  su  amable recuerdo en  una foto.


La instamatic pasó al baúl de los recuerdos, o se perdió en la noche de los tiempos; hoy es sólo objeto de colección. No me gustaría que Kodak se perdiera para siempre víctima del olvido.


Recibe un fuerte abrazo de tu amigo y nos veremos a mi vuelta para hacer unas cuantas fotos.

Enero de 2012

miércoles, 28 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO, Y NO ES UNA BROMA

Quiero desearos a todos, desde este modesto blog, un feliz año 2012. Sé que, dadas las circunstancias, puede sonar un poco a broma de mal gusto. Pero os aseguro que mi deseo es que el año que está a punto de llegar sea lo mejor posible y que,  de alguna forma, desde nuetros blogs contribuyamos a ello.

También me gustaría que quienes abandonar definitivamente la actividad bloguera retornen. Evidetemente no es nada más que una petición y, en caso alguno, una exigencia o ni siquiera una sugerencia. Nadie se enfade.

Y, como no soy muy original, no se me ha ocurrido otra forma mejor de adornar mis palabras, trasladadas a la pantalla, que las fotos de algunas flores de mi pequeño jardín que, a pesar del ya frío mesetario, resisten de forma heroica y, claro, tampoco es una broma, pese a la fecha en la que están tomadas las fotos podría dar lugar a pensar en ello.

Así pues, feliz año a tod@s.




domingo, 18 de diciembre de 2011

AMAR ERA PECADO



                                                                 Foto: Txema


Me educaron en el silencio reverente,


en la absoluta vida recoleta


en el la obediencia y el respeto.


Crecí en la oscuridad bendecida,


en la casta ignorancia,


en el sacro aburrimiento,


en la tristeza desolada,


en la soledad no deseada.


En la escasez y en el remiendo,

en la ropa por otro usada.


En el temor de Dios


y de los hombres,


en lo clandestino y peligroso.


Todo era prohibido


Vivir era delito.


Imposible el pensamiento


Y amar… tú lo sabes,


amar como te amo,.

era el peor de los pecados.














.

domingo, 11 de diciembre de 2011

TAN DISTINTA




Eres tan distinta



que temo ofenderte

con mi amor irracional

y a veces tan humano.

Eres tan distinta

como un secreto tesoro

en el cielo inalcanzable.

Eres tan distinta

que apenas te conozco

y ya mi vida robas.

Eres tan distinta

como la noche lo es del día

y así alumbras mi vida.

Eres tan distinta

Que puedes ser

paz absoluta o mar bravía

Eres tan distinta

que al pensar en tu vida

Justifico yo la mía.

domingo, 20 de noviembre de 2011

EL ESPECTRO SINIESTRO DE ARMINIO


                                                               Foto: Txema


Al llegar,  nuestro personaje, se despidió amablemente del maquinista y su ayudante, llamado comúnmente fogonero, y de quienes posiblemente en alguna otra ocasión, volvamos a saber algo.


Compartir con ellos el trayecto y el tiempo fue extraordinario; el viajero aprendió todo lo que pudo; escuchó todo lo que se dijo y habló sólo lo imprescindible para no parecer grosero o falto de interés.


Al bajar, encontró ante sus ojos una ciudad pequeña y ramplona;  de esas que aparentan que lo tienen todo, o casi, pero carecen de lo esencial:  memoria, historia y,  por tanto,  resultan artificiales y frías.


Lentamente, porque nuestro hombre detesta la costumbre de caminar deprisa, se adentró en un cúmulo de calles estrechas y anchas, mezcladas sin sentido, dispuestas no al azar, que aún sería en su opinión, una forma de permitir a los dioses de la fortuna intervenir, sino con absoluta falta de tacto y de respeto por los ciudadanos que, lamentablemente, van poco a poco dejando de serlo.


En estas y otras reflexiones se encontraba nuestro viajero, cuando vio un parque totalmente vacío. Se extrañó porque la hora era ya avanzada y la temperatura agradable invitaba al paseo apacible y la tertulia sosegada.


Un templete, que jamás sería utilizado para el fin que para el que supone que nació, se erguía tan excesivo como inneccesario en el centro exacto.


Se sentó en un banco junto a una farola. Estaba preocupado por los últimos acontecimientos que ha conocido.


El viajero, pese a todo, no está aislado de la realidad.


Por algún motivo extraño, y que el narrador es incapaz de averiguar,  pensó entonces en Atenas y en Roma,  ciudades hoy tan tristes y asoladas como ese parque. Ciudades que, aún hoy, deberían ser lugares de culto y a las que buena parte del mundo deben tanto.


Y sin embargo,  arrasadas por un nuevo vendaval que procede del hielo, de la niebla, del color plomizo y gris de donde casi no hay luz, de donde todo es tiniebla.


Parece como si de nuevo hubiera surgido el espectro vengativo y terrible de Arminio, venido del norte ramplón, pero fuerte y belicoso, ignorante y brutal, pero armado de odio secular y exigiese cada día un nuevo sacrificio para su Wotan tuerto, llamado hoy mercado.


Arminio, el rubio guerrero teutón y su Gudrun , exigen sacrificios sin la más mínima piedad, convencidos de que sólo el más terrible de los castigos se puede aplicar a los indolentes: Atenas y Roma. ¡Vae Victis!


El viajero se sintió verdaderamente desolado ante la magnitud del desastre y recordó a Varo.






viernes, 11 de noviembre de 2011

TÚ Y YO


Foto: Txema




Entre tú y yo


Sobran las palabras.


Entre tú y yo


Sobran las miradas.


Porque tú y yo


Ya no somos dos.


Y tú hablas por mi


Como yo miro por ti.


Y cuando me amas


amas por los dos


Lo mismo que te amo yo.


Tus ojos son mis ojos,


Mi boca es tu boca


Tus besos son los míos.


Entre tú y yo


Solo una boca, solo unos ojos


Sólo una amor,  sólo una vida.






miércoles, 9 de noviembre de 2011

UN NOVIEMBRE MÁS

Foto: Txema

Decir

Un noviembre más,


es como decir,


un poco más viejo,


y un poco más solo.


Algunos dirán


que también

un poco más sabio.


Y me pregunto ¿para qué?


Si al final del camino,


quedará sólo una maleta


cargada más de olvidos


que de recuerdos.


De algún pequeño o gran amor,


y muchos más desamores.


De alguna palabra amiga,


y demasiados cómplices silencios,


de alguna esperanza jóven


y más añejas decepciones.


Hoy, un noviembre más,


sé aún que tú me quedas


y no sé por cuánto tiempo


porque lo que casi no me queda


Es el tiempo.

martes, 1 de noviembre de 2011

LA BALDWIN


                                                                  Foto: Txema

Al llegar a la estación vio que la locomotora, una Baldwin de los años 30, estaba perfectamente preparada para emprender la marcha. El humo negruzco que salía por la chimenea no dejaba lugar a dudas: Los maquinistas habían hecho bien su trabajo.


Encender una locomotora es complicado, y mantenerla en orden de marcha mucho más, porque requiere un tacto y una sutileza que no todos tienen.


También observó que un número indeterminado de personas se agolpaban en el andén para subir lo más rápidamente posible a los vagones. Como si el tren fuera a arrancar sin ellos. Algunos empujones y cierto griterío que desanimaron al viajero. Notó que eran turistas.


El viajero teme ser confundido con un turista.


Nuestro personaje cree que la diferencia entre un viajero y un turista es esencial: el primero absorbe y se impregna de todo lo que ve. El segundo casi nunca, sencillamente porque ni siquiera ve.


Evidentemente, nosotros, somos meros relatores y no opinamos sobre las creencias del viajero que a alguno le pueden parecer ciertamente extravagantes.


Parece que, a nuestro viajero, le molestan las prisas innecesarias porque cree que son incompatibles con la observación y el deleite de recorrer los caminos serenamente.

Por eso, aunque sabemos que no se opone al progreso y la tecnología, el viajero no es muy partidario de la “alta velocidad”. No quiere llegar en poco tiempo si ello le resta conocimientos.


Cuando algún conocido (el viajero no es asocial) le plantea que la alta velocidad sirve muy bien para los “viajes de negocios” el viajero se sorprende porque sostiene, según lo que sabemos de él, que los viajes y los negocios son absolutamente incompatibles.


El viajero tomó entonces una decisión y, pese a que tenía su billete reglamentario, se acercó al maquinista de la vieja Baldwin y le enseñó un pequeño carné. El maquinista le ayudo a subir a la locomotora y, al poco tiempo, arrancaron.


Por lo que hemos podido saber, el viajero aprendió mucho del maquinista y observó todo lo que había que observar. Pero no sabemos qué carné le enseñó.


El viajero es reservado.