jueves, 3 de junio de 2010

ANIKA. LA HISTORIA DE UNA LUCHADORA

Hace ya bastantes años que existe un página web dedicada especialmente a la literatura que dirige, casi en solitario, con una buena cantidad de colaboradores y amigos, eso sí, una ciudadana cuyo esfuerzo jamás ha sido recompensado suficientemente.




Ahora, con la Feria del Libro de Madrid, que más bien me parece feria de la firma de libros de Madrid, quiero aprovechar para hacer un pequeño pero absolutamente merecido homenaje a esta mujer de La Eliana (Valencia) y de paso pedir ayuda.

Anika, que es como se llama es una luchadora, pese a todas las dificultades que supone en este país, intentar que la literatura se convierta en algo más que un negocio para las editoriales y para muchos que viven, con más o menos talento, de ella.

Era todavía una cría cuando empezó a hacer unas fichas con comentarios de los libros que leía, una idea que le sugirió su padre. Desde entonces no ha parado ni un sólo día, pese a que sus circunstancias con poco gratificantes, en un país dono pocas cosas funcionan sin dinero.

Por ese motivo me gustaría que visiteís su web (www.ciberanika.com), estoy seguro de que os va a gustar y si tenéis alguna posibilidad de ayudarla no lo dudéis. No sólo os la agradeceré yo, en su nombre, sino que estaremos haciendo algo por que la literatura no quede sólo en manos de las grandes editoriales.

miércoles, 19 de mayo de 2010

LA HERMANA TRINITARIA


Creo que era el primer martes de cada mes cuando, muy de mañana, sonaba el timbre y corría a abrir la puerta con la seguridad de que iban a aparecer tras ella las dos hermanas Trinitarias a las que mi madre, de forma invariable, daba cinco pesetas para que pudieran hacer sus obras de caridad.

Recuerdo perfectamente el contento que me producía poder pesar el pequeño crucifico con forma curiosa y de color rojo y azul y que me llamaba mucho la atención Y que llevaba la que era más mayor de las dos. Una monja ya entrada en años, gordita, con la cara sonrosada y simpática que llegaba en compañía de otra más joven y que pocas veces hablaba, salvo para saludar, dar las gracias y despedirse.

Mantengo en mi memoria esa imagen afable de aquella monja que siempre sacaba algunos caramelos de una bolsa pequeña y los repartía con generosidad. Así fue durante bastantes años.

Supongo que mi madre creía que con cada cinco pesetas hacía un mérito más para ganarse un sitio en el paraíso. Supongo que la hermana Trinitaria también y estoy seguro de que yo si lo creía así..

Y ahora, pasados casi cincuenta años, contemplo horrorizado todas las atrocidades que con niños de mi edad de entonces (unos seis años) han cometido personas pertenecientes a la Iglesia Católica y me acuerdo de “mi” hermana Trinitaria.

¿Qué pensaría ella de tanta barbaridad? ¿Acaso su fe decaería o se vería asaltada por las dudas o, más aún, colgaría el hábito avergonzada y horrorizada de pertenecer a una iglesia que ha cometido y consentido y cobijado y ocultado a tanto inmoral y delincuente?

Estoy seguro de que mi hermana Trinitaria era una excelente persona. La cara no engaña casi nunca y la suya irradiaba bondad, amabilidad. Su risa al más mínimo comentario sobre cualquier cosa banal y sencilla, propia de un niño, era indicativa de que detrás de ese hábito que tanto calor les hacía pasar en el tórrido verano mesetario había alguien bueno.

Afortunadamente, mi Trinitaria no ha vivido para poder contemplar todo esto porque, posiblemente, hubiera sucumbido a la vergüenza, a la inmoralidad o, quizá desde su punto de vista, al pecado que, ella quien trabajaba con niñas pequeñas y jóvenes de familias con problemas hubiera sentido como un latigazo en su propio cuerpo.

Pero yo, si he tenido tiempo de verlo y pido justicia en su nombre y en el de todas las víctimas.

sábado, 1 de mayo de 2010

EL INGENIO FERROVIARIO


Durante un viaje que he efectuado recientemente, entre otros lugares, por las Encartaciones vizcaínas, zona que pese a haber vivido muchos en el País Vasco conocía bastante mal, me ha asombrado hasta qué punto puede llegar el ingenio de las personas en los casos de necesidad, sobre todo si se trata de comer.

Hace ya muchos años, como se diría en un cuento de esos que ahora Vargas llosa y Pérez Reverte quieren escribir para los niños, hubo un tren minero que llevaba el carbón desde el norte de León hasta los altos hornos de Bilbao. Fue el famoso tren de La Robla que después también sirvió para llevar a los inmigrantes desde esas deprimidas zonas leonesas y castellanas hasta la industrializada Vizcaya.

Es recordado aún ese recorrido por su dureza, que se hace en vía estrecha (un metro de ancho) ante la imposibilidad de construir una vía más ancha dadas las características orográficas del terreno. El caso es que la distancia entre la capital vasca y el pueblo leonés, de poco más de 300 kilómetros, se tardaba en cubrir hasta 12 horas. Hoy tampoco es moco de pavo, pues se invierten nada menos que siete.

En esas condiciones se puede deducir fácilmente que los viajes para los maquinistas y empleados de la compañía eran cuando menos complicadas por lo que se refiere a una necesidad tan básica como era la alimentación y, es aquí, donde surge el ingenio ferroviario que ahora se ha convertido un atracción gastronómica.

Evidentemente para los pasajeros era igualmente duro pero, en los vagones, era más factible arreglárselas para poder comer de alguna forma.

La putxera ferroviaria, también llamada olla o puchera, según la zona de la que se trate, es una cazuela grande, inventada por los maquinistas de la compañía que hacía el mencionado recorrido. Lo interesante de esa putxera es que mediante un dispositivo realmente ingenioso, podía usar o bien el vapor de la caldera de la locomotora, o bien el carbón de la misma, con lo que se podía preparar un buen plato de legumbres con sus respectivos sacramentos.

Generalmente los maquinistas usaban el vapor, mientras que los restante empleados que viajaban en el último vagón, llamado de frenado, usaban carbón Porque, evidentemente, el vapor no llegaba hasta su posición.

Se hace la putxera (utilizaré el nombre vasco) con una buena cantidad de alubias cuyo tipo puede variar según la zona de procedencia de los ferroviarios. Si son vascos, vendrán de Tolosa en Gipuzkoa o de Gernika y, en ambos casos, serán de un color casi negro y de tamaño más pequeño que las de Castilla y León. Y, por supuesto, se cocinan con morcilla, chorizo, oreja, panceta y algo de verdura y cinco horas de cocción. Se comerá primero la alubiada y después habrá que hacer sitio para el resto.

En otras zonas, como el norte de León, Palencia y Burgos, además de Cantabria, las alubias eran pintas o blancas, con iguales aditamentos. También se solían usar garbanzos o lentejas, igualmente abundantes en esas comarcas.

El éxito de ese tipo comidas ha pasado a nuestros días y hoy, por ejemplo en la vizcaína Balmaseda se hacen concursos anuales de putxera, donde caen varios kilos de babarruna beltza (alubia negra en euskara) y litros de vino, que es lo mejor para hacer una buena digestión.

He tenido la oportunidad de probar esta putxera y, desde luego, es una manjar digno de los mejores restaurantes. Eso sí, hay que estar bien preparado porque, al revés de lo que ocurre en muchos comedores, aquí la ración es grande y el plato normal. 

Como se puede apreciar en la foto (mía) la putxera es una olla encastrada en un artilugio de hierro, con el carbón en la parte baja.

viernes, 16 de abril de 2010

¡QUE POCO SOMOS!

Ha bastado la erupción de un volcán en una pequeña isla como Islandia para que se haya provocado en pocas horas un caos en el transporte aéreo europeo que, según nos dicen, no tiene precedentes, ni siquiera en los dramáticos momentos del atentado del 11-S.


Verdaderamente qué poco somos frente a la fuerza desatada de la naturaleza.

Tal vez deberíamos reflexionar seriamente sobre si con toda nuestra tecnología, nuestra ciencia, nuestros descubrimientos, no estamos en realidad a merced de los acontecimientos naturales que nos desbordan sin remisión. Y aprender.

No podemos predecir un terremoto, no podemos controlar las lluvias torrenciales, ni las prolongadas sequías, ni las plagas de langosta, con las tremendas causas que tienen para millones de personas.

Hace un año Italia tembló, hace poco Haití, después Chile, ayer China y ahora lo del volcán islandés, sin contar otros hechos que son menos relevantes mediatamente o bien ocurren en zonas que, por no estar habitadas, no llegan a nosotros. El resultado ha sido catastrófico.

Afortunadamente, la nube de ceniza volcánica,  sólo produce molestias y retrasos a los que quieren trasladarse de un lugar a otro en avión, pérdidas a las compañías aéreas y cierta alarma social por el caos en el transporte.  Otros acontecimientos han provocado miles, cientos de miles de muertos y heridos y no se ha podido hacer nada.

Me pregunto si la naturaleza, maltratada, no se subleva contra tanto dolor, contra tanta especulación, contra tanta barbaridad y se defiende de la única manera que puede: revolviéndose contra quien pretende doblegarla.

Sé que muchos van a decir que esto ha ocurrido siempre, que ya el Vesubio arrasó Pompeya y Herculano hace centenares de años. Pero me queda la duda de si tendríamos que ser más respetuosos con nuestro entorno natural.

viernes, 2 de abril de 2010

SEMANA SANTA

http://www.youtube.com/watch?v=uvoDn1zI6-U



Durante muchos años, esos que van desde que se empieza en la mayoría de las personas a tomar cierta conciencia de lo que nos rodea, lo que antes se llamaba uso de razón, hasta entrada la adolescencia, tuve unas muy firmes creencias católicas. Negarlo sería tan absurdo como decir que mi rompimiento con el catolicismo fue consecuencia de una serie continuada de decepciones.






En los los últimos años,  y antes de la ruptura total,  la Semana Santa me producía una profunda impresión: me dedicaba a la meditación sobre la muerte del Nazareno; su coherencia,  su valor al afrontar una situación que habría podido cambiar a su favor con una simple palabra.

Asistía con gran interés a la lectura del Evangelio, donde se narran las últimas horas del Cristo y me impresionaban sus respuestas sencillas, lacónicas y llenas de sensatez,  ante quienes le sometían a una parodia de juicio. Todo esto era impresionante y trágico a la vez.

Pero, al mismo tiempo, producía en mi ánimo,  una gran consternación y abatimiento porque interpretaba, de forma absolutamente errónea, que sólo mediante el sacrificio, el sufrimiento antes de la muerte, seríamos dignos de entrar en el reino de Dios.

Esta sensación desoladora pesó como una losa durante muchos años y conceptos como el pecado y la consiguiente condenación al fuego eterno me abrumaban permanentemente. ¡Que forma tan tosca de interpretar las cosas!

El tiempo ha pasado y se ha impuesto la razón frente a una serie de ideas oscurantistas que, justo es reconocerlo, han causado mucho mal a lo largo de los siglos y, por lo que observo, aún lo causan.

Pero, en todo caso, la muerte llena de dignidad de aquel pobre hombre, como el peor de los delincuentes, me sigue llamando poderosamente a reflexionar sobre su figura que admiro y respeto profundamente.
 
Si pincháis el enlace se oye un canto ortodoxo de viernes santo.

jueves, 1 de abril de 2010

EL DESPRECIO EN EL LENGUAJE

Tenía razón Rafael Sánchez Ferlosio cuando dijo aquello de que en España, el tratamiento de los temas relacionados con las victorias de los equipos o deportistas nacionales, producen tal irritación que ganas de marcharse.


Viene esto a cuento de que leo, con demasiada frecuencia, y especialmente en lo que se refiere efectivamente a asuntos presuntamente deportivos,  noticias, informaciones, comentarios etc. que contienen un lenguaje despectivo, muchas veces innecesariamente grosero y de burla hacia los rivales de los españoles. Y me produce verdadera pena ver como el chovinismo patriotero se ha impuesto definitivamente en el deporte.


Hoy, sin ir más lejos, leo en un periódico de tirada nacional que Nadal, el tenista, “aplasta” a no recuerdo quien y pasa a semifinales. Aplasta, si amigos, aplasta. Verdaderamente no se puede ser más estúpido.

No es la primera vez que referido a este jugador leo, frases semejantes y, por su puesto esto, es extensivo al tal Alonso el de la Fórmula 1, a la selección española de fútbol que ahora llaman “la roja”, a la de baloncesto, o a cualquier otro equipo que participe en cualquier competición, especialmente el Real Madrid que, por algún motivo, ocupa siempre más espacio que cualquier otro en las informaciones.

Aplastan, destrozan, aniquilan, pasan por encima, dejan en evidencia asus rivales que, casi siempre,  son débiles y mercedores de la derrota.

Me pregunto sí es necesario ese lenguaje ridículo que, a los que vemos el deporte como una simple competición en la que no se juega nada más que un pequeño título, una copa o un trofeo, y en absoluto en honor de la patria, nos aleja cada vez más de esos pretendidos deportes convertidos en circos despreciables.

Y resulta también curioso que en este país,  hace poco situado a la cola del mundo de las competiciones o, tal vez por eso, se desprecie a cualquiera de ellas en el que no haya un o una  español o española que pueda ganar. Sencillamente esos no existen para los medios. Sin victoria no hay interés.

Esperemos, por el bien de esas competiciones, que no haya españoles que puedan ganar al ajedrez porque ya es lo que nos faltaba.



martes, 23 de marzo de 2010

EL LAMENTO DE ISABEL BAYRAKDARIAN

                                     http://www.youtube.com/watch?v=Zqt0qB-XQNI







Cierro los ojos,  escucho su voz, que me transporta a otro mundo, a otra historia, a otra muerte. Estoy en Armenia y es 1915.

La canción "Dle yaman" que interpreta Isabel Bayrakdarian,  la soprano candiense de origen armenio,  fue en principio un canto de amor que, tras el genocidio armenio, se convirtió en un profundo lamento.

"Extraño a mi amada, no porque esté cuidando las ovejas, sino porque ha sido masacrada"

El autor del texto fue el poeta armenio Komitas Varpadet quien sobrevivió al genocidio pero jamás se recuperó y murió en un hospital mental en 1935. Isabel ha recopilado algunas de sus obras.

Creo (y espero) que si pinchaís el enlace que he puesto arriba se podrá escuchar su voz y, entonces, yo no tendré nada más que decir.  Es sólo un genocidio más,  es sólo una queja, un lamento más.